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NATURALEZA DEL RUIDO-NATURALEZA DEL SILENCIO

 I De la contaminación a la sanación

  ¿Qué pasa cuando no podemos vivir sin la televisión puesta, sin la  radio, sin la música a tope en el coche o en las orejas mientras paseamos? Tanto habitamos en el ruido que se ha vuelto una agresión que nos enferma y nos oculta de nosotros mismos. Ruido en el trabajo, ruido en las calles y comercios, ruido en soledad. Ruido, vibraciones y contaminación del aire y del alma.

  Tan dramática se ha vuelto la situación, tan agresora y tan enfermiza que el Estado ha intervenido y ahora estamos “socialmente protegidos”, desde la letra, con el Código del Ruido.

  Directivas, Decretos, Reales Decretos, Ordenes, Resoluciones, Leyes, Jurisprudencia, todo un cuerpo normativo que, desde el exterior, crea un marco legal para protegernos de esta agresión ruidosa que nos contamina y nos enferma.

  Este ámbito normativo nos protege imponiendo y sancionando. Desde el exterior señala y reconduce conductas, aunque sea lentamente, torpemente, desde esa otra agresión que es la parsimonia de la burocracia con sus diferentes niveles de ineficacia.

  Creo que deberíamos ir más allá de ruido y plantearnos cuál es su naturaleza, su morfología, su función, su finalidad más taimada. Desde los bares, desde los comercios, nos impulsa al consumo en un torbellino ensordecedor en el que perdemos nuestra identidad para convertirnos en masa, en gente.

  En casa y en el coche mantenemos un ruido de fondo al que ni siquiera atendemos, porque el silencio es un poderoso espejo en el que no queremos mirarnos. El silencio angustia y sobrecoge cuando a él se asoman los miedos, las dudas, las emociones, los juicios, los pensamientos. La sociedad de consumo lo sabe. Crea nuestros miedos y nuestras angustias, genera nuestro estrés y luego lo tapa con ruido, nos rodea insistentemente de ruido. Así somos cuerpos bombardeados por decibelios que ensordecen a quien somos de verdad, a nuestra más pura individualidad.

  Visto que la naturaleza del ruido no es hacernos más felices sino ocultar, silenciar nuestra infelicidad, merece la pena el intento de decir STOP, congelemos la imagen de este presente y preguntémonos por la verdadera naturaleza del ruido, observemos cómo dirige nuestras actitudes, cómo acalla nuestra voz más íntima y analicemos por qué cuanto ésta aflora nos agobia y nos angustia en el carnaval del miedo y la inseguridad.

  STOP al ruido y un poco de tiempo para reflexionar. De nada sirve un Código exterior del ruido si no sabemos a dónde nos conduciría un Código Interior de Silencio.

  Es fantástico transgredir las costumbres y los hábitos, llevar la contraria al ritmo que nos convierte en zombis que no tienen conciencia de sí mismos ni de las cuerdas que dirige la marioneta que se mueve en la vida, con nuestro nombre y nuestro número de carnet de identidad.

  Visto lo visto, vale la pena preguntarse cuál será la naturaleza del silencio, la que está más profundo, en el núcleo. Un Viaje al Centro de la Tierra, que narraba Julio Verne.

  En esta aventura me he embarcado, y conociendo la naturaleza del ruido con sus múltiples caras y habiendo padecido sus efectos, me he adentrado en el camino que lleva por la naturaleza del silencio. No es un viaje para acomodados, conformistas ni cobardes. Se precisa el espíritu de Ulises, la sagacidad y valentía, la fe y confianza que le llevaron de regreso a Ítaca. Y le mereció la pena el esfuerzo, porque volvió a ser el rey de su tierra. Esa es la metáfora.

  Andrea Luca

19 de octubre de 2015

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