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Dormidos, despiertos, conscientes, concentrados, meditativos. Son variados los estados o niveles que puede alcanzar la conciencia. No tenemos costumbre más que de habitar el estado de dormido o despierto en nuestra tradición occidental.

Si reflexionamos sobre estos dos estados, dormido-despierto, comprobamos que no es tan simple como pensar que estamos dormidos en un reparador sueño entre las sábanas en nuestro hogar o despiertos a la actividad laboral, social, familiar de nuestra vida diaria.

Algo querría decir Calderón de la Barca en el parlamento de Segismundo de la Vida es sueño, algo sustancial y latente, al escribir que sueña el rey en su riqueza y el pobre en su pobreza.

Algo, también, querría decir Heráclito cuando manifestaba que el hombre con sus ojos cerrados parece un muerto y estando despierto parece un dormido, por alguna razón le llamaban “el oscuro”.

Algo, también importante, quería decir Jesús de Nazaret cuando a aquel que se le acercó para seguirle y le pidió que esperase para cumplir con el rito funerario, Jesús le espetó según no cuentan los Evangelios en Lucas 9,59 y Mateo 8,21, dejad que los muertos entierren a sus muertos.

Así pues, “algo” tendremos que encajar en nuestra reflexión, pues parece ser que en el estado de sueño reparador late una vida onírica que nos habla y enseña. Parece ser que en la vida cotidiana de despiertos late una muerte, un dormir a la conciencia, un sueño que creemos realidad. Si abrimos la puerta de los sueños entramos en una vida virtual donde continuamos hablando y actuando en el haz de posibilidades que se proyectan en la pantalla de la nada. Si abrimos la puerta de la vigilia cotidiana y penetramos hacia la Realidad que en ella late, seremos príncipes de un reino, seremos liberados de la cárcel de la rutina.

Sabios escritores como Calderón, sabios filósofos como Heráclito, sabios de la Sabiduría como Jesús, nos señalan este tránsito, este puente entre dormidos en la vida y despiertos en el sueño. Pero nosotros, maestros de la disyuntiva, no sabemos entender que todo está en Todo y por todo se va a todas partes si se sabe caminar o a ninguna si no se sabe ver.

Quizá deberíamos plantearnos más en serio las sabidurías de las enseñanzas orientales y atrevernos a transitar los puentes de la consciencia desde la observación, desde la concentración, desde la meditación, desde la no-dualidad. Así, llegaremos a la comprensión de nosotros mismos, a la aprehensión de la Realidad, a la creación del futuro. Así, con un amoroso y paciente ejercicio de introspección, podemos llegar a dejar de soñar lo que somos en voz de Calderón de la Barca, para ser en la vigilia presente. A dejar de estar dormidos en la existencia y despertar en Heráclito. A dejar de estar muertos en Jesucristo para caminar en Sus manos la Vida de la inmortalidad.

 

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