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Ya el calendario apunta al día de los enamorados. El calendario programa nuestra conciencia y nuestro bolsillo. Casi ayer tocaba celebrar  la Navidad, que poco o nada ha tenido que ver con el renacer de cada uno a lo divino. Y ahora toca celebrar el amor, que más tiene de incitación al consumo que de aprender a navegar por la mirada del otro.

Pocos dioses han sido tan celebrados como Eros. Ello sin duda porque ya para los griegos era el más importante. Pero lejos de la concepción actual de lo erótico griego como pasión por la belleza física, ya en El Banquete de Platón, homenaje a Eros por excelencia, Sócrates encamina la belleza de las formas hacia la Belleza suprema, en el magnífico discurso de la sapientísima Diótima.

La gran fuerza de Eros es su impulso creador y su impulso creativo. Por una parte, mueve las simientes que fecundan el mundo en la materia que procrea. Por otra, mueve las almas en la pasión cósmica que el Amor engendra en obras inmateriales. Así, es un dios con dos caras: una humana y otra divina.

Cuando Eros enseña su rostro celeste, en él resplandecen la justicia, la templanza, la sabiduría. La música se hace palabra en el Eros poeta, llenando de bonanza las almas que escuchan su canto. De la gran Belleza de la que trata El Banquete de Platón, surge De amore, de Marsilio Ficino, que hace realidad el impulso creativo de Eros en el alma del poeta. El amor enciende su llama potenciando los dones de los que se miran y se reconocen: “La semejanza engendra amor…el que ama esculpe la figura del amado en su espíritu…al reconocerse el amado en el amante, es empujado a amarle.”

Tanto para Platón como para Ficino el impulso creador de Eros es una llama divina en el cuerpo del amado, que transciende el propio cuerpo abandonando la forma, destruyendo los límites del espacio y del tiempo hacia la belleza del espíritu que se eleva a una contemplación superior. Este es el amor que debería celebrarse en el día de San Valentín.

Para terminar, transcribo este texto De amore de Marsilio Ficino: “Todo amor comienza por la vista. Pero el amor del hombre contemplativo asciende desde la vista a la mente. El del voluptuoso desciende de la vista al tacto. El del activo se queda en la mirada…Estos tres amores toman tres nombres: el amor del contemplativo se llama divino, el del activo, humano, el del voluptuoso, bestial.”

Cada uno de nosotros celebraremos el día de San Valentín según el nombre de Eros que habite en nuestros corazones. Y, si al mismo tiempo que meditamos sobre ello, celebramos en el día de San Valentín al Valentín gnóstico, que nos enseña a liberarnos de los condicionamientos de la conciencia y de las máscaras del mundo, habremos dado un giro de Corazón al calendario, marcando en rojo de Amor los 365 días del año.

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