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No sabemos vivir sin el parloteo mental, sin el cotorreo en la barra de un bar, sin el juicio de las vidas ajenas que anidan en las lenguas de reptil que se arrastran por el lodo, ese es su medio.

Tan acostumbradas las cabezas y los corazones a mirar hacia abajo, parece que ha quedado atrofiado el esqueleto y la cervical ya no puede girarse hacia las alturas. ¿Dónde está el amor del Papa Juan Pablo II con una mujer casada? ¿Está a ras de suelo o está en las alturas? La forma en que se ha tratado la noticia es la distorsión que provoca la miopía de los miopes de espíritu.

Esta preciosa historia de amor de Karol Wojtyla me recuerda al amor entre Clara y Francisco de Asís. Ambos transidos de anhelo divino, de silencio profundo, hicieron de la fusión enamorada de sus corazones templo donde latía el corazón de Dios. Francisco y Clara no se separaron, estaban unidos en el Corazón.

Hay un artículo precioso de Leonardo Boff sobre el amor entre Clara y Francisco de Asís. En él se nos recuerda que un testigo de la canonización de Clara dice que a ella Francisco “le parecía oro de tal forma claro y luminoso que ella se veía también toda clara y luminosa como en un espejo”. Se pregunta Boff si se puede expresar mejor la fusión de amor entre dos personas de excepcional grandeza de alma. Y el mismo Boff nos cuenta que en sus búsquedas y dudas ambos se consultaban y buscaban un camino en la oración, dejándonos el regalo de un relato biográfico de la época que cuenta: “Una vez, Francisco, cansado, llegó a una fuente de aguas cristalinas y se inclinó a mirar durante largos instantes esas aguas claras. Después, volvió en sí y dijo alegremente a su íntimo amigo Fray León: Fray León, ovejita de Dios, ¿qué crees que vi en las aguas claras de la fuente? La luna, que se refleja ahí dentro, respondió Fray León. No, hermano, no vi la luna, sino el rostro de nuestra hermana Clara, lleno de santa alegría, de suerte que todas mis tristezas desaparecieron.”

Las grandes misiones que el Espíritu encomienda a sus elegidos llevan un báculo de amor para el camino, un apoyo para el tránsito que ilumina el alma con una luz que reverbera en el silencio del mundo y no puede ser apagada. Es una luz de amor en lo humano, en el Corazón del corazón, única parte del ser que nos aúna en la dimensión absoluta de lo profundo, con el Todo, Vacío vivo, donde coexistimos con Dios en Dios.

El amor de Clara hacia Francisco ha fecundado almas religiosas y espirituales a lo largo de la historia. El amor de Francisco hacia Clara ha fecundado el amor de Cristo por su iglesia en la renovación necesaria de los dogmas y de la iglesia de ladrillo para vivir en la Iglesia viva un Amor Universal, único con sentido cristiano.

El amor de Vojtyla no puede mirarse con los ojos del cuerpo. Se precisa un alma grande para entender a otra alma grande. Ya lo dice San Pablo en la primera carta a los Corintios 2,14: “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente.”

En esta situación nos deberíamos plantear elevarnos de la animalidad, de la razón, de la búsqueda frívola de un titular que convierta una historia en esa basura que somos tan proclives a leer.  Solo con ojos sucios vemos las cosas sucias, por muy limpias que éstas sean. Solo vende convertir lo sagrado en miserable para acercarlo más a uno mismo, de corazón miserable. Si fuéramos capaces de entender la grandeza no nos venderían las noticias disfrazadas de miseria. Me apena ver el descuartizamiento que están haciendo de las cartas entre esos dos seres de alma grande, buscando el más mínimo resquicio para sembrar la duda. Y no puedo por menos acordarme de las palabras de Jesucristo sometido al mismo escarnio cuando le pide al Padre que les perdone porque no saben lo que hacen. Al menos algunos acogemos la noticia con celebración y entusiasmo, porque sabemos que más allá del amor carnal está el amor andrógino. Amor que solo se regala a los elegidos  que moran en la dimensión superior de la humanidad. A los que experimentan un estado de beatitud sobre el fondo del Amor divino. Es amor humano trampolín del éxtasis espiritual y místico. Es amor de dos en la Unidad.

En el Génesis se dice que el hombre y la mujer se harán una sola carne, se refiere al hombre y mujer que procrean en la carne, pero hay otros hombres y mujeres, seres primordiales, que aúnan su espíritu en la armonía originaria de un Cristo cósmico. A ellos se refiere Jean Libis en su libro “El mito del andrógino”  del que cito el siguiente texto: “El abrazo físico es no solo lícito, sino que su vocación es con toda evidencia metafísica. El amor es en esta tierra, el medio de obtener la redención, pero ese amor debe tener por esencia al ser andrógino, a fin de recuperar la androginia primordial. El amor solo es verdadero si el hombre y la mujer no son interiormente ni hombre ni mujer.”

Es este amor el que fecunda la historia para que se renueve el mundo. El único amor en el que late la inmortalidad. El único que en Francisco fecunda la Iglesia. El único que en Clara hace que el agua de una fuente sea espejo de transparencia eterna. El único que da sentido a la fuerza divina del corazón humano de un Papa como Karol Vojtyla.

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