Ulises_y_las_sirenas

Hemos nacido a la vida no para vivir la vida, sino para nacer a un estado superior de conciencia. En el camino comenzamos dejando que la vida nos viva, hasta que empezamos a ser conscientes de nosotros mismos y entonces convertimos la existencia en una carrera de querer y de poder. Nos vamos reconociendo en lo que no somos, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la comunidad. Y mientras que nos vamos reconociendo en lo que no somos, no se nos ocurre pensar Quiénes somos.

Siempre el héroe parte de un lugar, pero ¿hacia dónde? Si nos damos cuenta el héroe vuelve a lo largo de muchas peripecias al mismo lugar del que ha partido. Y ¿por qué?

Pensemos en uno de los héroes más grandes que ha pervivido a lo largo de la historia: Ulises. Parte de la isla de Itaca y a Itaca regresa. Pero el héroe que partió era un ser en un estado determinado de conciencia. En el camino fue venciendo los obstáculos con astucia y valentía. Ambas cualidades le vistieron al pasar por la isla de las sirenas. Sabía que su canto haría estrellarse la nave contra las rocas. Las sirenas, cuyas voces eran la ilusión de aquello que pretendemos, de aquello que deseamos y que cuando no sabemos que ese deseo es una ficción nos estrella contra las rocas de la existencia.

El Ulises que partió de Itaca era un hombre, el Ulises que regresó a Itaca era un héroe. El viaje fue un camino de iniciación que, cumplido, permitió al héroe hacer del lugar de origen el lugar de destino, pero desde un estado superior de conciencia.

Los viajes del héroe son una constante en todas las tradiciones, en sus cosmogonías y en sus mitos. Desde la cosmogonía y los mitos han penetrado en las religiones. El vuelo libre del héroe ha sido muchas veces dogmatizado y, por tanto, ensombrecido. No debemos quedarnos con una sola de las interpretaciones. Volver a leer los mitos y leyendas, incluso los cuentos infantiles, es abrir la ventana a la posibilidad de entenderlos desde otra estructura, desde el piso superior de nuestra mente hacia el ático de nuestra alma. A medida que vayamos haciendo nosotros el viaje iremos entendiendo con más comprensión el viaje de los héroes. No nos importe si no vislumbramos todo el potencial de sabiduría. Disponer nuestra alma a la comprensión es empezar ya a ver clarear los primeros rayos del sol en el horizonte de nuestra conciencia.

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