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¿No escucha la iglesia la voz de los nuevos tiempos? No, no escucha. Quiere seguir aferrada a los dogmas que ella ha creado, a las reglas que ella ha impuesto, a las oscuridades de los anticristos con sotana y alzacuellos.

¿Quién puede “creer” en el dios de los curas con su machismo lacerante, con su hipocresía descubierta, con sus áticos de lujo, con su banca ambrosiana, con su curia de pedófilos y con sus históricos papas aberrantes?

La esperanza de cambio llegó con este Francisco franciscano al que no le dejan llenar los nuevos tiempos con el Espíritu del que caminó sobre las aguas. Demasiado extendido está el cáncer vaticano.

¿Que ha entendido la iglesia de la vida de Jesús de Nazaret y del Evangelio de Juan? ¿Que escuchan cuando leen: Como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (San Juan 17,20-26)? Lo que han entendido es que solo puede haber una opinión, la suya, la de la iglesia. No que seamos uno en Dios, que crezcamos a más Dios en Dios, sino que acatemos con obediencia una sola opinión, la vaticana, y al que no la acate, al que vuele libre en el Espíritu de Dios, se le tacha de hereje y se acerca la cerilla a la hoguera.

¿No ven las personas de buen corazón que este teatro eclesial ya no se sostiene? ¿Debemos seguir viviendo bajo el peso de esas culpas inventadas, de esos pecados virtuales que se redimen con indulgencias que habremos de pagar para comprar, no el cielo, sino el lujo de los que prometen un cielo que desconocen?

Son nuevos los tiempos. Salgamos a la calle del Amor y del perdón. Perdón que no significa seguir aguantado la homofobia, la xenofobia, la marginación, la exclusión de la mujer. Perdón que significa acoger a los rancios recalcitrantes con una sonrisa de renovación.

Francisco abre la puerta a la reforma para que la iglesia no se quede sin iglesia y abra la puerta a la Iglesia. Que Dios le bendiga. Ojalá que su sucesor se llame Agustín y nos guie por un camino de Amor sin fronteras en el Espíritu libre de ese Dios que es Fe viva y ciencia. Ojalá que todos entendamos esas palabras de San Agustín “Ama y haz lo que quieras”. Palabras que en la común unión de todos los místicos dice también Sri Ramakrishna: “Teniendo el divino conocimiento del Advaita (la no-dualidad) haz todo lo que quieras; pues entonces serás incapaz de hacer mal alguno”.

Esa no-dualidad es la que han vivido los místicos de todos los tiempos. Ese es el sentido de Jesús cuando dice que Como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”.  Ese es el único santo sacramento de la Realidad sobrenatural.

Mientras sigamos buscando a Dios en los sótanos del Vaticano, en las Reglas e identidades abstractas, en los dogmas y creencias que oscurecen la esencia con su barniz, no encontraremos nada, porque nada hay fuera de nosotros mismos y es dentro de cada uno de nosotros donde se manifiesta el vuelo de un Espíritu sabio al que debemos descubrir, porque somos eso: sustancia de Dios, manifestaciones de ese Espíritu que vuela en nosotros.

Limpiemos nuestro ser de complejos, preocupaciones, miedos y creencias. Borremos todas nuestras falsas identidades, para que comience a brillar en nosotros la sabiduría eterna en la Unidad universal de ser sustancia viva del Ser.

Queda mucho camino, es la aventura hacia una Nueva Humanidad. Quitarnos las adherencias de lo aprendido y el confort de lo conocido es difícil, pero ese es el reto de los elegidos. Ese es el primer paso del Éxodo de los nuevos tiempos: crecer en Dios, despertar a más Dios en Dios, en la espiritualidad amorosa de una Humanidad compartida, de una Humanidad humana, de una Humanidad Universal en el Espíritu libre en el que somos, nos movemos y existimos.

 

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