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LA INOCENCIA DEL PRESENTE

El presente es como la mirada de un niño, transcurre a parpadeos de transparencia, de paz, de luz.

El presente consciente no tiene miedo ni culpas, no valora ni critica, no sufre, simplemente ES.

En eso consiste la tan de moda “atención plena” . Es un estado en que la mente deja de estar programada para la lucha, el desasosiego, el victimismo, el sufrimiento que nos acarrea el traer y llevar por la mente los pensamientos y emociones conflictivos.

Vivir el presente es un estado de atención a cuanto está sucediendo en el instante: el vuelo de un pájaro, el descapotable rojo que se acaba de parar en el semáforo, el olor a hierbas que nuestra vecina deja en el ascensor, la agradable textura del café con leche haciéndose parte de nuestro organismo, la orquesta de los teclados en los ordenadores de la oficina….

Todas esas percepciones son caricias de la atención plena, del dulce presente que se abre ante nosotros con la sabiduría de un libro que se lee desde dentro, desde el interior.

La magia ocurre cuando ese estado de atención plena, de plena consciencia en el presente que acontece, se convierte en actitud.

Es esa actitud ante la vida la que nos libera de nosotros mismos, de nuestros miedos y preocupaciones porque viviendo con plena consciencia el presente, no hay lugar para que los pensamientos negativos ocupen nuestra mente que es como una pantalla donde proyectamos los miedos, los conflictos, los sufrimientos …y los habitamos y alimentamos como si alimentásemos al monstruo que nos va devorando, que se come nuestra paz y nuestra felicidad.

Ante la dificultad, ante ese momento duro que se cuela en la mente como un torbellino emocional y un parloteo incesante, abre la puerta al presente. Respíralo, obsérvalo, habítalo.

Poco a poco te llegará su inmensa sabiduría y la dulce e interior comprensión de que todo tiene un sentido que, aceptado, nos lleva a la paz y a la plenitud de una sabia inocencia. La inocencia de quien no tiene historia que le esclavice, ni rencores que lo sometan, ni juicios que alimenten la guerra de los pensamientos. La inocencia de una mente libre en el instante que acontece y que es el que convierte la vida en una oración, en la sinfonía de un Reino que no es de este mundo.

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