EL DIVINO AMOR HUMANO DE JUAN PABLO II

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No sabemos vivir sin el parloteo mental, sin el cotorreo en la barra de un bar, sin el juicio de las vidas ajenas que anidan en las lenguas de reptil que se arrastran por el lodo, ese es su medio.

Tan acostumbradas las cabezas y los corazones a mirar hacia abajo, parece que ha quedado atrofiado el esqueleto y la cervical ya no puede girarse hacia las alturas. ¿Dónde está el amor del Papa Juan Pablo II con una mujer casada? ¿Está a ras de suelo o está en las alturas? La forma en que se ha tratado la noticia es la distorsión que provoca la miopía de los miopes de espíritu.

Esta preciosa historia de amor de Karol Wojtyla me recuerda al amor entre Clara y Francisco de Asís. Ambos transidos de anhelo divino, de silencio profundo, hicieron de la fusión enamorada de sus corazones templo donde latía el corazón de Dios. Francisco y Clara no se separaron, estaban unidos en el Corazón.

Hay un artículo precioso de Leonardo Boff sobre el amor entre Clara y Francisco de Asís. En él se nos recuerda que un testigo de la canonización de Clara dice que a ella Francisco “le parecía oro de tal forma claro y luminoso que ella se veía también toda clara y luminosa como en un espejo”. Se pregunta Boff si se puede expresar mejor la fusión de amor entre dos personas de excepcional grandeza de alma. Y el mismo Boff nos cuenta que en sus búsquedas y dudas ambos se consultaban y buscaban un camino en la oración, dejándonos el regalo de un relato biográfico de la época que cuenta: “Una vez, Francisco, cansado, llegó a una fuente de aguas cristalinas y se inclinó a mirar durante largos instantes esas aguas claras. Después, volvió en sí y dijo alegremente a su íntimo amigo Fray León: Fray León, ovejita de Dios, ¿qué crees que vi en las aguas claras de la fuente? La luna, que se refleja ahí dentro, respondió Fray León. No, hermano, no vi la luna, sino el rostro de nuestra hermana Clara, lleno de santa alegría, de suerte que todas mis tristezas desaparecieron.”

Las grandes misiones que el Espíritu encomienda a sus elegidos llevan un báculo de amor para el camino, un apoyo para el tránsito que ilumina el alma con una luz que reverbera en el silencio del mundo y no puede ser apagada. Es una luz de amor en lo humano, en el Corazón del corazón, única parte del ser que nos aúna en la dimensión absoluta de lo profundo, con el Todo, Vacío vivo, donde coexistimos con Dios en Dios.

El amor de Clara hacia Francisco ha fecundado almas religiosas y espirituales a lo largo de la historia. El amor de Francisco hacia Clara ha fecundado el amor de Cristo por su iglesia en la renovación necesaria de los dogmas y de la iglesia de ladrillo para vivir en la Iglesia viva un Amor Universal, único con sentido cristiano.

El amor de Vojtyla no puede mirarse con los ojos del cuerpo. Se precisa un alma grande para entender a otra alma grande. Ya lo dice San Pablo en la primera carta a los Corintios 2,14: “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente.”

En esta situación nos deberíamos plantear elevarnos de la animalidad, de la razón, de la búsqueda frívola de un titular que convierta una historia en esa basura que somos tan proclives a leer.  Solo con ojos sucios vemos las cosas sucias, por muy limpias que éstas sean. Solo vende convertir lo sagrado en miserable para acercarlo más a uno mismo, de corazón miserable. Si fuéramos capaces de entender la grandeza no nos venderían las noticias disfrazadas de miseria. Me apena ver el descuartizamiento que están haciendo de las cartas entre esos dos seres de alma grande, buscando el más mínimo resquicio para sembrar la duda. Y no puedo por menos acordarme de las palabras de Jesucristo sometido al mismo escarnio cuando le pide al Padre que les perdone porque no saben lo que hacen. Al menos algunos acogemos la noticia con celebración y entusiasmo, porque sabemos que más allá del amor carnal está el amor andrógino. Amor que solo se regala a los elegidos  que moran en la dimensión superior de la humanidad. A los que experimentan un estado de beatitud sobre el fondo del Amor divino. Es amor humano trampolín del éxtasis espiritual y místico. Es amor de dos en la Unidad.

En el Génesis se dice que el hombre y la mujer se harán una sola carne, se refiere al hombre y mujer que procrean en la carne, pero hay otros hombres y mujeres, seres primordiales, que aúnan su espíritu en la armonía originaria de un Cristo cósmico. A ellos se refiere Jean Libis en su libro “El mito del andrógino”  del que cito el siguiente texto: “El abrazo físico es no solo lícito, sino que su vocación es con toda evidencia metafísica. El amor es en esta tierra, el medio de obtener la redención, pero ese amor debe tener por esencia al ser andrógino, a fin de recuperar la androginia primordial. El amor solo es verdadero si el hombre y la mujer no son interiormente ni hombre ni mujer.”

Es este amor el que fecunda la historia para que se renueve el mundo. El único amor en el que late la inmortalidad. El único que en Francisco fecunda la Iglesia. El único que en Clara hace que el agua de una fuente sea espejo de transparencia eterna. El único que da sentido a la fuerza divina del corazón humano de un Papa como Karol Vojtyla.

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Los tres nombres de Eros

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Ya el calendario apunta al día de los enamorados. El calendario programa nuestra conciencia y nuestro bolsillo. Casi ayer tocaba celebrar  la Navidad, que poco o nada ha tenido que ver con el renacer de cada uno a lo divino. Y ahora toca celebrar el amor, que más tiene de incitación al consumo que de aprender a navegar por la mirada del otro.

Pocos dioses han sido tan celebrados como Eros. Ello sin duda porque ya para los griegos era el más importante. Pero lejos de la concepción actual de lo erótico griego como pasión por la belleza física, ya en El Banquete de Platón, homenaje a Eros por excelencia, Sócrates encamina la belleza de las formas hacia la Belleza suprema, en el magnífico discurso de la sapientísima Diótima.

La gran fuerza de Eros es su impulso creador y su impulso creativo. Por una parte, mueve las simientes que fecundan el mundo en la materia que procrea. Por otra, mueve las almas en la pasión cósmica que el Amor engendra en obras inmateriales. Así, es un dios con dos caras: una humana y otra divina.

Cuando Eros enseña su rostro celeste, en él resplandecen la justicia, la templanza, la sabiduría. La música se hace palabra en el Eros poeta, llenando de bonanza las almas que escuchan su canto. De la gran Belleza de la que trata El Banquete de Platón, surge De amore, de Marsilio Ficino, que hace realidad el impulso creativo de Eros en el alma del poeta. El amor enciende su llama potenciando los dones de los que se miran y se reconocen: “La semejanza engendra amor…el que ama esculpe la figura del amado en su espíritu…al reconocerse el amado en el amante, es empujado a amarle.”

Tanto para Platón como para Ficino el impulso creador de Eros es una llama divina en el cuerpo del amado, que transciende el propio cuerpo abandonando la forma, destruyendo los límites del espacio y del tiempo hacia la belleza del espíritu que se eleva a una contemplación superior. Este es el amor que debería celebrarse en el día de San Valentín.

Para terminar, transcribo este texto De amore de Marsilio Ficino: “Todo amor comienza por la vista. Pero el amor del hombre contemplativo asciende desde la vista a la mente. El del voluptuoso desciende de la vista al tacto. El del activo se queda en la mirada…Estos tres amores toman tres nombres: el amor del contemplativo se llama divino, el del activo, humano, el del voluptuoso, bestial.”

Cada uno de nosotros celebraremos el día de San Valentín según el nombre de Eros que habite en nuestros corazones. Y, si al mismo tiempo que meditamos sobre ello, celebramos en el día de San Valentín al Valentín gnóstico, que nos enseña a liberarnos de los condicionamientos de la conciencia y de las máscaras del mundo, habremos dado un giro de Corazón al calendario, marcando en rojo de Amor los 365 días del año.

Soñando en Calderón, dormidos en Heráclito, muertos en Cristo

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Dormidos, despiertos, conscientes, concentrados, meditativos. Son variados los estados o niveles que puede alcanzar la conciencia. No tenemos costumbre más que de habitar el estado de dormido o despierto en nuestra tradición occidental.

Si reflexionamos sobre estos dos estados, dormido-despierto, comprobamos que no es tan simple como pensar que estamos dormidos en un reparador sueño entre las sábanas en nuestro hogar o despiertos a la actividad laboral, social, familiar de nuestra vida diaria.

Algo querría decir Calderón de la Barca en el parlamento de Segismundo de la Vida es sueño, algo sustancial y latente, al escribir que sueña el rey en su riqueza y el pobre en su pobreza.

Algo, también, querría decir Heráclito cuando manifestaba que el hombre con sus ojos cerrados parece un muerto y estando despierto parece un dormido, por alguna razón le llamaban “el oscuro”.

Algo, también importante, quería decir Jesús de Nazaret cuando a aquel que se le acercó para seguirle y le pidió que esperase para cumplir con el rito funerario, Jesús le espetó según no cuentan los Evangelios en Lucas 9,59 y Mateo 8,21, dejad que los muertos entierren a sus muertos.

Así pues, “algo” tendremos que encajar en nuestra reflexión, pues parece ser que en el estado de sueño reparador late una vida onírica que nos habla y enseña. Parece ser que en la vida cotidiana de despiertos late una muerte, un dormir a la conciencia, un sueño que creemos realidad. Si abrimos la puerta de los sueños entramos en una vida virtual donde continuamos hablando y actuando en el haz de posibilidades que se proyectan en la pantalla de la nada. Si abrimos la puerta de la vigilia cotidiana y penetramos hacia la Realidad que en ella late, seremos príncipes de un reino, seremos liberados de la cárcel de la rutina.

Sabios escritores como Calderón, sabios filósofos como Heráclito, sabios de la Sabiduría como Jesús, nos señalan este tránsito, este puente entre dormidos en la vida y despiertos en el sueño. Pero nosotros, maestros de la disyuntiva, no sabemos entender que todo está en Todo y por todo se va a todas partes si se sabe caminar o a ninguna si no se sabe ver.

Quizá deberíamos plantearnos más en serio las sabidurías de las enseñanzas orientales y atrevernos a transitar los puentes de la consciencia desde la observación, desde la concentración, desde la meditación, desde la no-dualidad. Así, llegaremos a la comprensión de nosotros mismos, a la aprehensión de la Realidad, a la creación del futuro. Así, con un amoroso y paciente ejercicio de introspección, podemos llegar a dejar de soñar lo que somos en voz de Calderón de la Barca, para ser en la vigilia presente. A dejar de estar dormidos en la existencia y despertar en Heráclito. A dejar de estar muertos en Jesucristo para caminar en Sus manos la Vida de la inmortalidad.

 

EL SINODO Y LA NAFTALINA

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Despertemos de un cristianismo guardado entre naftalina en el baúl, con interpretaciones pasadas ya de moda y fuera de la realidad social y espiritual del siglo XXI.  Algunos pretenden apergaminar el tejido de lo humano queriendo encerrar lo divino en letra desprovista de Espíritu.

El reciente Sínodo ha dejado muy claro que sigue viva la hoguera de la Inquisición. Ya no es la hoguera de fuego en la que ardieron Margarita Porete, Miguel Servet y Giordano Bruno. Ahora es la hoguera de la exclusión con la misma ceguera de dogmática hecha a imagen y semejanza de la conciencia limitada de algunos componentes del Sínodo, que siguen viendo la paja en el ojo ajeno.

Los homosexuales y divorciados han sido marginados y excluidos una vez más y, una vez más, están enfrentados el mandamiento de Jesucristo y los de la Iglesia. Una vez más enfrentados el cristianismo de casulla y lo crístico de Jesús de Nazaret.

Despertamos en Cristo y nos revelamos en paz y amor cuando la Iglesia es Estado y no Estar en Dios y con Dios en cada átomo del universo, en la Conciencia en la que nuestra conciencia se desentumece y aletea hacia la Realidad que los inspectores de la Iglesia-Estado no alcanzan a ver, poseídos de sí mismos y sus dogmas.

No hay palabra de Dios, sino Silencio de Dios para quien escucha y comprende. Qui potest capere capiat: el que pueda entender que entienda.

Despertemos lo crístico que hay en cada uno de nosotros sin miedo, Lázaros del sepulcro de la vida, porque hemos sido llamados a la Resurrección como Hombres y Mujeres Nuevos de una Nueva Iglesia sin fronteras ni excluidos. Y recemos por los mercaderes que venden el Reino de Dios a las puertas de un templo de dogma y de ladrillo.

 

 

LA OTRA MIRADA DE PINOCHO. Cuento para adultos

 

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De la madera el Artesano sacó un ser a su imagen y semejanza. Así calmó su deseo. Dibujó sobre su carita dos grandes y expresivos ojos, que comenzaron a ver la realidad desde las imágenes de su mente de muñeco.

Esa realidad estaba poblada de engañosos personajes, del trajín de lo cotidiano que oculta la boca del pozo, de bosques milagrosos por los que transitan las sombras que ahogan, del país de los juguetes que juegan con nosotros y nos rompen y abandonan cuando ya no les entretenemos.

Peligrosa era la realidad como peligrosa es para nosotros cuando somos marionetas del mundo con mirada de madera.

¿Por qué no escucharemos al Pepito grillo que nos acompaña? ¿Por qué no nos abandonaremos al dulce hacer del Artesano que nos repara cada vez que se nos queman los pies de palo de tanto caminar por el fuego fatuo de la vida?

Un día nos salva un hada buena y prometemos enmendarnos engañándonos una vez más a nosotros mismos. Larga es la nariz con la que nos chocamos con cuanto nos rodea, con la que nos golpeamos con las demás prominentes narices que habitan la misma trama.

¡No será que no tenemos ayudas en este tránsito de guiñoles!

Un día algo pasa, nos toca el corazón saber que el Artesano que nos creó nos necesita. Que nos lleva buscando por noches, mares y tormentas y nos lanzamos al agua buscándoLe para pedir perdón y fundirnos en un abrazo.

Ese es el camino que transforma la madera y la hace humana. Ese es el Amor que late en la mirada disipando las tinieblas. Ese es el renacimiento que nos asemeja y nos convierte en hijos, allí donde el cuento deja su moraleja.

 

Radiografía del espíritu: ¿Quién soy?

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Debió ser una sorpresa impresionante y, más que una sorpresa, un ahogo la primera vez que un ser se contempló a sí mismo en una radiografía. Sus huesos, sus órganos, ese planeta desconocido del cuerpo humano reflejaba su interioridad, manifestaba su ser, su eje en la columna vertebral, sus huesos, sus órganos y la enfermedad que lo aquejaba, que se veía como manchas en la placa emulsionada de los rayos x. Sí, debió ser una sorpresa fascinante pasar de mirarnos en el espejo viéndonos el rostro y el cuerpo, como la superficie del mar que somos, a meter la cabeza bajo el agua de la piel y comprobar el recorrido del alimento que tomamos y el latido sonoro del corazón que nos late. Esa es la radiografía del cuerpo, la que podemos hacer al organismo en el que habitamos.

Pero nosotros somos otra cosa: somos los viajeros que habitan ese organismo, somos los que aterrizamos un día al planeta realidad desde la nave de nuestro cuerpo. Un día, sin saber cómo ni por qué, nos encontramos en una nave nodriza llamada placenta y escuchamos el sonido del mundo a través del eco de nuestro primer llanto. Pero ¿Quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿de qué materia está hecho el planeta al que hemos llegado que nos borra el recuerdo de nuestra identidad? Cada vez avanzamos más y más hacia el olvido, pero un día algo nos duele en el espíritu, algo se resquebraja  y de la semilla inmaterial que yacía sepultada en la profundidad de nosotros mismos empieza a brotar la planta de una identidad hasta ahora desconocida y, paradójicamente, sentida. Así, somos radiografiados en el espíritu  y emulsionados en un estado de gracia, donde empezamos a ver el tallo, las flores y los frutos que emergen desde el silencio profundo, más allá aún de lo profundo.

Entonces, nos volvemos a preguntar ¿Quién soy? y al hacernos la pregunta todo gira en un caleidoscopio alocado, fragmentándonos de mil maneras. Continuamos preguntándonos ¿Quién soy? y se diluyen las formas, haciéndose sustancia inmaterial. Y otra vez, ¿Quién soy? y la respuesta se va ampliando con más comprensión en cada giro, espiral que nos une más con cada vuelta desde el silencio hacia el Todo, Vacuidad Inteligente.

Más sorprendidos y perplejos que ante la radiografía en la que los rayos x nos manifiestan la patología de un órgano físico, alcanzamos entonces a entender cuál es la patología que nos impide latir con el Espíritu que nos habita, la del auténtico ser que somos, y se nos va aclarando la respuesta a la continua pregunta de quién soy.

Diagnosticados con los rayos x de la gracia, encontrados en el Encuentro, llevamos junto con el diagnóstico la medicina que nos permite el regreso a Casa, que quizá sea la misma de la que nunca salimos, pero desprovistos ya de disfraz, sabiéndonos quién somos. Entonces podremos comprender que era necesario partir para Volver.

La naturaleza del silencio. Vida en la vida

 

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La naturaleza del silencio. Vida en la vida

El silencio es como el planeta Tierra: tiene muchas capas.

A veces se ubica en la estratosfera de nosotros mismos. Por ello nos parece ajeno, extraño, inaccesible, perteneciendo a un lugar en el espacio que nada tiene que ver con nosotros.

También el silencio es atmósfera, zona vital del aire que respiramos de manera automática, inconsciente.

Y Biosfera es también el silencio. Toca la superficie de la tierra que somos y entonces ese aire nos respira y lo respiramos en un ejercicio que nos adentra y nos profundiza.

En el adentramiento observamos las diferentes capas y sedimentos de nuestra historia personal. Las ruinas de las civilizaciones que hemos sido, por las que hemos ido pasando desde el nacimiento. Bajada a lo profundo donde también habita la zona abisal, con sus peces remordimiento y sus gigantescos calamares de desasosiego e infelicidad. Es zona oscura que se asoma al silencio y se purifica, abriéndose paso de la oscuridad hacia una tenue luz que se vislumbra una vez ultimado el gesto de perdonarnos a nosotros mismos.

Hacia esa tenue luz nos adentramos: silencio ya hecho corriente Vital en el aire que respiramos. Es el centro de la Tierra, de nosotros, zona de hierro que ejerce la fuerza del imán y hacia ella nos atrae.

Nada en la nada, Todo en la nada. Sin tiempo. Sin estar. Ser en Ser. Algo va cambiando dentro de nosotros. Empezamos a girar sobre nuestro eje en rotación perfecta. Contemplamos la vida y sus devaneos como a través de un cristal. La vida nos contempla a nosotros desde nosotros mismos, en otra dimensión.

Conocer la naturaleza del silencio es conocer nuestra propia naturaleza. La puerta que abrimos la primera vez hacia el silencio chirriaba con sus goznes oxidados y no encajaba en su quicio, estaba desquiciada. La puerta que abrimos una y otra vez hacia el silencio se lubrifica, empieza a encajar hasta que somos capaces de abrirnos y cerrarnos ante las situaciones y las personas, con comodidad, con presencia y ajenidad con un delicado “clock” que nos unifica en nosotros mismos, encaja nuestra vida en la Vida, la realidad en la Realidad, donde descubrimos que la naturaleza del silencio es la posibilidad del Asombro.

Madrid, 26 de octubre de 2015

NATURALEZA DEL RUIDO-NATURALEZA DEL SILENCIO I. De la contaminación a la sanación

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NATURALEZA DEL RUIDO-NATURALEZA DEL SILENCIO

 I De la contaminación a la sanación

  ¿Qué pasa cuando no podemos vivir sin la televisión puesta, sin la  radio, sin la música a tope en el coche o en las orejas mientras paseamos? Tanto habitamos en el ruido que se ha vuelto una agresión que nos enferma y nos oculta de nosotros mismos. Ruido en el trabajo, ruido en las calles y comercios, ruido en soledad. Ruido, vibraciones y contaminación del aire y del alma.

  Tan dramática se ha vuelto la situación, tan agresora y tan enfermiza que el Estado ha intervenido y ahora estamos “socialmente protegidos”, desde la letra, con el Código del Ruido.

  Directivas, Decretos, Reales Decretos, Ordenes, Resoluciones, Leyes, Jurisprudencia, todo un cuerpo normativo que, desde el exterior, crea un marco legal para protegernos de esta agresión ruidosa que nos contamina y nos enferma.

  Este ámbito normativo nos protege imponiendo y sancionando. Desde el exterior señala y reconduce conductas, aunque sea lentamente, torpemente, desde esa otra agresión que es la parsimonia de la burocracia con sus diferentes niveles de ineficacia.

  Creo que deberíamos ir más allá de ruido y plantearnos cuál es su naturaleza, su morfología, su función, su finalidad más taimada. Desde los bares, desde los comercios, nos impulsa al consumo en un torbellino ensordecedor en el que perdemos nuestra identidad para convertirnos en masa, en gente.

  En casa y en el coche mantenemos un ruido de fondo al que ni siquiera atendemos, porque el silencio es un poderoso espejo en el que no queremos mirarnos. El silencio angustia y sobrecoge cuando a él se asoman los miedos, las dudas, las emociones, los juicios, los pensamientos. La sociedad de consumo lo sabe. Crea nuestros miedos y nuestras angustias, genera nuestro estrés y luego lo tapa con ruido, nos rodea insistentemente de ruido. Así somos cuerpos bombardeados por decibelios que ensordecen a quien somos de verdad, a nuestra más pura individualidad.

  Visto que la naturaleza del ruido no es hacernos más felices sino ocultar, silenciar nuestra infelicidad, merece la pena el intento de decir STOP, congelemos la imagen de este presente y preguntémonos por la verdadera naturaleza del ruido, observemos cómo dirige nuestras actitudes, cómo acalla nuestra voz más íntima y analicemos por qué cuanto ésta aflora nos agobia y nos angustia en el carnaval del miedo y la inseguridad.

  STOP al ruido y un poco de tiempo para reflexionar. De nada sirve un Código exterior del ruido si no sabemos a dónde nos conduciría un Código Interior de Silencio.

  Es fantástico transgredir las costumbres y los hábitos, llevar la contraria al ritmo que nos convierte en zombis que no tienen conciencia de sí mismos ni de las cuerdas que dirige la marioneta que se mueve en la vida, con nuestro nombre y nuestro número de carnet de identidad.

  Visto lo visto, vale la pena preguntarse cuál será la naturaleza del silencio, la que está más profundo, en el núcleo. Un Viaje al Centro de la Tierra, que narraba Julio Verne.

  En esta aventura me he embarcado, y conociendo la naturaleza del ruido con sus múltiples caras y habiendo padecido sus efectos, me he adentrado en el camino que lleva por la naturaleza del silencio. No es un viaje para acomodados, conformistas ni cobardes. Se precisa el espíritu de Ulises, la sagacidad y valentía, la fe y confianza que le llevaron de regreso a Ítaca. Y le mereció la pena el esfuerzo, porque volvió a ser el rey de su tierra. Esa es la metáfora.

  Andrea Luca

19 de octubre de 2015

FILOSOFIA DE/EN LA NATURALEZA

(Concepción orgánica de la naturaleza frente a la perspectiva mecánica)

La Filosofía de la Naturaleza ha sido abordada en las aulas desde una concepción mecánica, basada en leyes físicas y fórmulas matemáticas. Se ha convertido en una disciplina analizada desde la objetividad científica, como algo ajeno al estudioso, que se separa de dicha disciplina para racionalizarla. Sin embargo, creo que este análisis es parcial y, por tanto, incompleto y nos lleva al fracaso y al deterioro del planeta, por cuanto la Filosofía de la Naturaleza muere aprisionada en el molde mecanicista que se mueve en lo estático y que se estudia desde la objetividad y la ajenidad.

Si, por el contrario, nos planteamos la Filosofía de la Naturaleza desde una concepción orgánica de la misma, nos situamos inmersos en ella, vivos en ella. No la pensamos, la vivimos y la experimentamos desde la subjetividad, desde la íntima conexión de todas las moléculas de un Todo vivo.

Esta perspectiva nos implica en el cuidado de la naturaleza desde el cuidado propio y personal, nos lleva a amar la naturaleza como amamos nuestra naturaleza, porque una y otra cohabitan en una misma esencia.

Pasamos de estudiar filosofía de la naturaleza a descubrir filosofía en la naturaleza.

La concepción mecanicista y la concepción orgánica de la naturaleza no deben oponerse, son dos caras de la misma moneda, pero hemos pasado tantos siglos en la “mecánica” considerando la naturaleza y el cosmos funcionando como un reloj, que creemos que es una máquina, sin ser conscientes de que es un reloj vivo, un corazón de cuyo latido depende nuestra vida.

Andrea Luca

Madrid, 5 de octubre de 2015